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La Vulva

Es destacable que todo el mundo sea conocedor del nombre de las partes de nuestro cuerpo y los utilicemos con normalidad, mientras que las partes más relacionadas con el placer sexual se conviertan en tabú de forma involuntaria y, no sólo no seamos capaces de nombrarlas por su nombre, sino que muchas veces lo desconocemos y nos suena burdo y obsceno.

Y así es como sucede a la hora de llamar a los genitales femeninos. Existe una larga lista de eufemismos, más o menos graciosos, de denominarlos evitando su nombre real, pero, cuando decidimos no andarnos por las ramas, cambiamos los conceptos. Mucha gente les llama “vagina” y no está mal si nos referimos al conducto interno de los genitales femeninos que comunica el exterior de éstos con el cérvix o cuello del útero, pero normalmente usamos este término para referirnos a los órganos genitales externos, los visibles a simple vista. Su nombre real es VULVA.

La vulva está conformada por:

Labios mayores (o externos) Tienen la función de proteger lo que se encuentra en su interior. Su piel es como la del resto de cuerpo, con glándulas sebáceas, sudoríparas y de vello.

Labios menores (o internos) Son más delgados y sensibles. Están formados por membranas mucosas que la mantienen hidratada y protegida.

Glande del clítoris y su prepucio (o capuchón) Este glande dispone de más de 8.000 terminaciones nerviosas que, junto a las 15.000 de sus raíces (situadas en la parte interna de los genitales), lo convierten en la zona más sensible y placentera del cuerpo femenino. De hecho, su única función es la de donar placer a su poseedora. El capuchón se trata de la piel del extremo superior donde se unen los labios menores. Su función es la de proteger al glande del clítoris.

Orificio uretral (o meato urinario) Orificio por el cual se expulsa la orina.

Entrada de la vagina (o introito vaginal) Orificio por el cual se produce la penetración en los encuentros sexuales, por donde se expulsa la sangre menstrual y por donde se pare en condiciones normales.

Perineo Zona de piel sensible que une la parte inferior de los labios con el ano.

Aunque todas las vulvas tienen las mismas partes, ninguna es igual a otra. Cada una tiene sus propias peculiaridades y todas son igual de hermosas, aunque todas las connotaciones negativas y restrictivas que se le han otorgado por desconocimiento, prejuicios y falsas creencias no nos permitan ver lo maravillosas que es.

Se trata pues de una zona sensible que acoge muchas funciones (placer, reproducción y excreción) y necesita que seamos responsables con su cuidado. Esto no quiere decir que nos obsesionemos con su limpieza o su forma. De hecho, su cuidado es más simple del que creemos.

La vulva tiene que mantenerse limpia pero sin excesos. Lavándola simplemente con agua sería suficiente, puesto que los geles y jabones pueden dañar la flora propia de ésta, modificando su acidez y facilitando la aparición de bacterias y hongos.

Una de las connotaciones negativas otorgadas a la vulva es su olor. Todas las vulvas tienen su propio olor por el flujo vaginal y las glándulas sudoríparas, incluso estando sana y limpia. Este olor puede recrudecerse por los restos de orina y el sudor acumulado y varía con el ciclo menstrual, pero si éste se convierte en mal olor, a pesar de la limpieza y la fase menstrual en la que te encuentres, puede ser síntoma de alguna infección genital. Entonces es hora de acudir al especialista.

Mirarse, tocarse y conocer a fondo tu vulva (olor, textura, fluidos,..) te ayuda a reconciliarte con tu cuerpo y con tu sexualidad. Forma parte de ti y sólo tienes una…

¡Quiérela!

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Escrito por: INMA RÍOS (Psicóloga, Sexóloga y Terapeuta de pareja)

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